Todavía recuerdo cómo lloraba los primeros
días cuando mi madre me dejaba en clase de kárate, y después pasé los
siguientes 7 años sin faltar uno solo. La verdad es que no se me daba mal, de hecho conseguí ser campeón provincial y regional varias veces, pero viéndolo con la
perspectiva de los años te das cuenta de que lo que queda no son los trofeos,
sino las experiencias. Obviamente al niño que participaba en aquellos
campeonatos no le daba igual ganar o perder, e incluso lloraba cuando no se
llevaba una copa a casa. Pero ahora miro esos trofeos y no me recuerdan las
victorias que conseguí, sino los amigos con los que entrenaba, el gimnasio, los
viajes a los campeonatos, mi entrenador... En definitiva, un aspecto de mi vida
que ciertamente echaba de menos.