viernes, 18 de julio de 2014

¿Por qué?

Todavía recuerdo cómo lloraba los primeros días cuando mi madre me dejaba en clase de kárate, y después pasé los siguientes 7 años sin faltar uno solo. La verdad es que no se me daba mal, de hecho conseguí ser campeón provincial y regional varias veces, pero viéndolo con la perspectiva de los años te das cuenta de que lo que queda no son los trofeos, sino las experiencias. Obviamente al niño que participaba en aquellos campeonatos no le daba igual ganar o perder, e incluso lloraba cuando no se llevaba una copa a casa. Pero ahora miro esos trofeos y no me recuerdan las victorias que conseguí, sino los amigos con los que entrenaba, el gimnasio, los viajes a los campeonatos, mi entrenador... En definitiva, un aspecto de mi vida que ciertamente echaba de menos.